Diario de a bordo

27/07/2017
"Mamá, yo de mayor no quiero ser piloto"
La conciliación entre la vida profesional y familiar sigue siendo muy complicada para muchas pilotos con hijos.


María Fernández. “Sabía que me metía en un mundo de hombres, pero me pudo más la afición a volar”. Nuria Anguera, piloto de helicóptero en Babcock, es una de las poco más de 200 pilotas que hay en España. Son apenas un 3,5 por ciento de este colectivo, una cifra que sigue siendo ridícula a pesar de la leve tendencia al aumento que se está experimentando en los últimos años.


Los techos de cristal, el propio recelo a entrar en una profesión dominada por el sexo opuesto, la tradición militar o la dificultad de formar una familia en una carrera nómada podrían apuntarse como algunas de las causas para tan escasa presencia femenina. La conciliación de la vida familiar y laboral, ya difícil en cualquier empleo, llega al paroxismo en el caso de los pilotos. Hombres y mujeres comparten hoy el cuidado de los hijos casi a partes iguales gracias a medidas de conciliación como las reducciones de jornada. Pero la realidad hoy sigue siendo que, cuando trabajo y familia se manifiestan incompatibles, son ellas quienes renuncian a sus aspiraciones profesionales en aras del cuidado familiar.


“Para todas las madres trabajadoras la profesión es un obstáculo para desarrollar su vida personal, y la vida personal es un obstáculo para desarrollar su profesión”, prosigue Nuria que, con tres hijos –uno de ellos con síndrome de Down- puede hoy por fin equilibrar su vida laboral y personal en su base de HEMS en el hospital de Málaga, pero tuvo muchos “sapos duros de tragar” durante su etapa en extinción de incendios, que le llegaba a exigir 20 días seguidos fuera de casa.


La fórmula más utilizada para los pilotos de helicópteros consiste en buscar una base cerca del núcleo familiar, aunque dicha movilidad está limitada por la especialización de la propia máquina. Las reducciones de jornada también se aplican aquí, aunque su cálculo se hace sobre el total anual de horas, algo que no resulta práctico “si no te sirve para llevar a los niños al cole, trabajar y estar de vuelta cuando salen”, cuenta Nuria.


La reducción en las líneas aéreas españolas


Las reducciones están más extendidas entre los pilotos de líneas aéreas. En Iberia, más del doble de mujeres que de hombres en términos porcentuales están acogidas a la reducción de jornada: un 57 por ciento frente a un 24,8 (35 de 61 y 271 de 1092, respectivamente). Iberia es probablemente la aerolínea más avanzada en términos de conciliación gracias a la última medida adoptada que permite solicitar la programación agrupada por quincenas o semanas, tal y como nos cuenta Lucía Aranega, piloto de A330 que confiesa requerir a menudo ayuda familiar para la atención de su hijo.


Las reducciones de jornada se suelen calcular por horas o días, dependiendo del tipo de rutas, y oscilan entre el 12,5 por ciento de reducción hasta la mitad de la programación total. La ingeniería de ajustar las programaciones a las reducciones solicitadas, siempre con un mes mínimo de antelación, sigue siendo insuficiente para muchos padres. Es el caso de María José González, copiloto de Air Nostrum. Con dos hijos de 7 y 10 años, compagina su programación con la de su marido, piloto de largo radio de Iberia, además de la programación de una persona indispensable en su vida: la cuidadora.


“Mentira. Falsa. Inexistente”. Así define María José la conciliación familiar en España. “Los niños se acostumbran, pero es una vida terrible. No conseguimos estar en ninguna de las cosas cotidianas que tiene la gente normal, como cumpleaños, bodas…” María José puede hacer referencia a su caso con gran perspectiva, ya que trabajó un tiempo en la carguera sueca Western Sweden. En el país escandinavo, las empresas están obligadas a conceder un mes libre a cada uno de los cónyuges para que los hijos no estén solos durante sus vacaciones escolares. “Pensé que entrando en una compañía regional podría dormir en casa. Fue una gran decepción”.


Como muchas de sus compañeras, la pasión de María José por la aviación es lo que la mantiene trabajando. “Me enganchó ser piloto. Fueron dos piezas del puzle que encajaron en mi persona”. Ella misma reconoce haber podido mantenerse activa como piloto gracias a haber antepuesto durante años (“fui madre ya mayor”), su progresión profesional a sus ganas de formar una familia.


No es la única. Julia Abad, comandante de Airbus 330 en Air Europa, decidió ser madre superada la barrera de los 40 años, a pesar de haber sido siempre “muy niñera”. Esa decisión habría sido determinante para ayudarla a llegar a su actual posición de comandante de largo radio, un cargo que se alcanza con muchísimas horas de vuelo a las espaldas. Su hija, de 9 años, ha vivido su trayectoria tanto en corto como en largo radio. Con una reducción del 50 por ciento en corto durante los primeros años de vida de la niña, podía dormir en casa, desayunar con ella y llevarla al colegio. Con el paso a la larga distancia hace cuatro años y medio, las separaciones entre madre e hija se volvieron algo más prolongadas, algo que la niña tardó en asimilar hasta que percibió que la calidad del tiempo compartido mejora enormemente en el largo radio. “Al principio, me preguntaba que por qué había elegido esta profesión que me aleja de ella. Ahora que es más mayor, está orgullosísima de que su madre sea piloto y sabe que cuando vuelvo de una línea, voy a estar con ella al cien por cien”.


En otra línea se pronuncia Clara de Diego, comandante de easyJet en la base de Londres – Gatwick y sujeta, por tanto, a las leyes laborales británicas. En su caso, la baja de maternidad duró hasta las 52 semanas, lo que le permitió estar con su “pequeño” hasta que cumplió su primer año. Ahora, su reducción abarca hasta el 50 por ciento de la jornada, volando alternativamente cada dos semanas. “Mi profesión no ha supuesto nunca un obstáculo en mi vida personal. He podido formar una familia, como cualquier mujer trabajadora” declara satisfecha.


Integración e igualdad


A pesar de los desajustes, no se pueden negar los avances que se han conseguido en términos de conciliación. El disfrute de las jornadas reducidas por parte de los hombres era visto como una rareza hace no tantos años.
María José, hoy en Air Nostrum, entró en los años 90 como piloto de vigilancia forestal y extinción de incendios. No había mujeres en ese sector militarizado al extremo. “Mis compañeros eran mayores y las bases no estaban preparadas para mujeres. Ni siquiera había vestuarios femeninos. Te miraban como a un bicho raro, aunque no negativamente ya que nunca me faltó apoyo”.


En la misma línea se pronuncia Julia, que ha trabajado para Air Europa desde los 28 años y afirma no haberse sentido jamás agredida. “Al final lo que me importa es saber que hago las cosas bien y demostrármelo a mí misma”, declara. María Dolores Cano, piloto de Norwegian, es optimista con el panorama actual. “La igualdad ha avanzado mucho, sobre todo en la última década”. Ella coincide con la práctica totalidad del diagnóstico de las mujeres entrevistadas para la elaboración de este artículo. “Hace años sí había gente que te trataba diferente por ser mujer, pero afortunadamente ya no se ve apenas”, valora desde Iberia Lucía Aranega, que cree que sí hay igualdad de oportunidades y derechos. “Lo que hace falta es normalidad, que no se vea como algo extraordinario”.


A ojos de María José González, el paternalismo o la condescendencia que a veces se puede encontrar en la cabina se debe más a una cuestión de edad que a una cuestión de sexo. “En la cabina hay igualdad absoluta. Nuestro trabajo consiste en creer en la persona que llevas al lado. Tienes que estar convencido de la profesionalidad de toda la tripulación, ya que vas a pasar juntos muchas horas de tensión y estrés. Comandante y copiloto somos un tándem”.
En el mundo de los helicópteros, las mujeres lo tienen algo más complicado. En el acceso, para empezar. “Para llegar a comandante en incendios o emergencias sanitarias, necesitas horas de vuelo de piloto al mando –relata Nuria Anguera, que sí ha conseguido llegar a comandante-. Y las opciones para ello se reducen mucho cuando eres mujer”. No acaba ahí la odisea ya que, una vez obtenidas las horas “la empresa que tenga una vacante se va a plantear si querrás quedarte embarazada, ya que va a invertir mucho dinero en tu formación”.


¿Y una vez dentro de la empresa, cómo te observan los compañeros? Para Nuria, se ha mejorado mucho en este aspecto gracias a que ya no se busca a pilotos “Top Gun”. “Antes, de manera habitual se rebajaban los límites de lo que es una operación segura con el fin de alcanzar la meta y cumplir la misión. Hoy, afortunadamente, en Babcock dedican mucho esfuerzo a mentalizar a los pilotos para ser conservadores a la hora de asumir riesgos. Si hoy aborto una misión por seguridad nadie me lo va a cuestionar por ser mujer. Este es un gran paso para aumentar la presencia femenina”.


Mujer, piloto y madre


Las mujeres suponen sólo un 3,5 por ciento del colectivo de pilotos en España, y en lo que todos, hombres y mujeres, coinciden, es en que hace falta aumentar dicha cifra. El primer ejercicio es, evidentemente, el se realiza con uno mismo. “Las mujeres tendemos a infravalorarnos –relata, optimista, Nuria- pero aprender a volar no requiere ser Top Gun. Requiere cierta habilidad pero, sobre todo, trabajo y disciplina”.


La aerolínea easyJet anunció recientemente su intención de subir hasta el 20 por ciento el número de mujeres en su plantilla de pilotos. “No puedo decir que en todas las aerolíneas sea igual, pero sí que estoy orgullosa de decir que en easyJet nunca he sentido ningún tipo de rechazo por ser mujer en cabina” celebra Clara de Diego. “De hecho somos de las compañías con más porcentaje de mujeres en su plantilla de pilotos, acercándose al 6%. Creo que es de agradecer que en un sector que siempre ha sido dominado por el hombre, haya una empresa que apueste por la igualdad de sexos”.


La Consejera Delegada de la aerolínea británica, Carolyn McCall, destacó el progreso que ha habido en casi todos los sectores antiguamente dominados por hombres en las últimas cinco décadas. “Sin embargo, apenas ha cambiado la proporción de mujeres piloto. Nos gustaría comprender a qué se debe esto y qué podemos hacer para cambiarlo”.
La medida, pulcra en sus intenciones, choca en cambio con la realidad, al menos en el caso de las aerolíneas españolas. Las actuales políticas de conciliación no impiden que muchos padres pilotos pasen fuera de casa más tiempo del deseable. “Mis hijos me dicen que no les gusta que yo sea piloto –cuenta, resignada, María José-. Porque nunca voy a buscarles al colegio. Eso es muy duro, hace que nos culpemos a nosotras mismas de la profesión que hemos elegido”.

Julia, recién divorciada del padre de su hijo, lamenta haber tenido que dar más explicaciones de las necesarias sobre su elección de la profesión que desempeña. “A veces a las pilotas nos hacen parecer mujeres de mala vida”, se queja mientras rememora la durísima lucha por la custodia de su hija. Ahora, conseguida esta, celebra que su hija está encantada con que su madre sea piloto. “Le chifla venir conmigo al avión, pero ella misma me dice que no quiere ser piloto porque no verá tanto a sus hijos”.


Ser piloto no dista en realidad mucho de otras profesiones que requieren movilidad. Cualquier madre o padre que tenga que viajar por motivos de trabajo va a encontrar extremadamente difícil ir a buscar sus hijos a diario al colegio. La corresponsabilidad en los cuidados es vital en la pareja, pero tanto Julia en Air Europa, Lucía en Iberia, María José en Air Nostrum como Nuria en Babcock coinciden en algo: necesitan ayuda extra, ya sea familiar o a través de un cuidador, para conseguir sacar a sus hijos adelante. Maria Dolores, de Norwegian, subraya el “apoyo mutuo” entre su marido, también piloto y ella, imprescindible para conciliar. “Recomiendo a las chicas que quieran ser pilotas –explica Julia- que se piensen mucho si esta es realmente su vocación, porque hay que hacer muchos sacrificios”. No todas lo aguantan, y muchas han tenido que renunciar a una carrera ya comenzada. Pero para la gran mayoría que sí se queda, el sacrificio vale la pena. “Las que quedamos volando –recalca Nuria- tenemos una voluntad férrea, las cosas muy claras y, sobre todo, nos gusta volar”.

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